Las monas de Chulilla: el hardacho

En el interior de la provincia de Valencia, en pueblos como Chulilla, la Pascua no solo se celebra con meriendas al aire libre, sino también con una de las expresiones más singulares de la cultura popular valenciana: las monas con forma de lagarto o cocodrilo, conocidas localmente como hardachos o fardachos. Estas figuras, elaboradas con la misma masa que otros dulces tradicionales como el reguiño o la mona clásica, constituyen un interesante cruce entre gastronomía, simbolismo y lengua.

La mona de Pascua: un dulce con siglos de historia

La mona de Pascua es un dulce extendido por todo el arco mediterráneo (desde la Comunidad Valenciana hasta Murcia, Aragón o Cataluña, todos ellos pertenecieron a la Corona de Aragón) y simboliza el final de la Cuaresma. Tradicionalmente, se trata de una masa tipo brioche, aromatizada con cítricos (naranja en Valencia y limones en Murcia) y decorada con huevos, símbolo de fertilidad y renovación .

Sin embargo, lejos de ser uniforme, la mona adopta múltiples formas según la zona: roscas, trenzas, cestas… y también animales. En muchos pueblos valencianos es habitual encontrar monas con forma de serpiente, tortuga o lagarto.

Las monas de Chulilla y su relación con el reguiño

En Chulilla, la masa de la mona comparte base con otros dulces tradicionales, como el reguiño: una masa enriquecida con huevos, aceite, azúcar y levadura, trabajada de forma artesanal y fermentada lentamente.

Esta masa común refleja una cocina de aprovechamiento y tradición familiar, donde una misma receta sirve para diferentes elaboraciones según la festividad o la creatividad del momento. La diferencia no está tanto en los ingredientes como en la forma, el simbolismo y el uso social del dulce.

El “hardacho”: la mona con forma de lagarto

Uno de los rasgos más distintivos de estas monas es su modelado en forma de lagarto, conocido como hardacho (también escrito fardacho). Este término designa al lagarto en variedades lingüísticas del ámbito valenciano-aragonés.

Estas figuras de mona de pascua en forma de lagarto no son meramente decorativas. Ir a la panadería y elegir esa forma de animal forma parte de un ritual familiar, especialmente con niños, que van pasando la tradición generación a generación haciendo que la transmisión cultural no se pierda.

Lengua y tradición: del valenciano al aragonés

El término hardacho/fardacho es especialmente interesante desde el punto de vista lingüístico. Procede de variantes romances del este peninsular, donde encontramos paralelismos entre el valenciano y el aragonés.

  • En valenciano, fardatxo o fardacho designa al lagarto.
  • En aragonés, aparecen formas similares como fardacho o variantes próximas.

Esta coincidencia no es casual. La Serranía valenciana, donde se sitúa Chulilla, ha sido históricamente una zona de transición lingüística entre el dominio valenciano y áreas de influencia aragonesa. Las migraciones medievales y la repoblación tras la Reconquista dejaron huellas tanto en el habla como en las costumbres.

Así, el hardacho no es solo una figura de masa: es también un vestigio lingüístico vivo, una palabra que conecta territorios y tradiciones.

Pueblos donde se hacen monas con forma de lagarto

Aunque cada localidad tiene sus variantes, la tradición de las monas con forma animal (y especialmente de lagarto) se mantiene en varios puntos del interior valenciano y áreas cercanas:

  • Chulilla: tradición ligada a la cultura local en la que los niños son alimentados con estas monas de pascua y de mayores las siguen buscando jejeje.
  • Cortes de Pallás: famoso por el “fardacho”, con huevo oculto en la cabeza.
  • Comarcas de La Serranía y el interior valenciano (Chelva, Tuéjar, Andilla): donde la mona adopta formas creativas y se elabora en familia.
  • Zonas limítrofes con Aragón: donde la tradición de la mona también existe y comparte elementos formales, como las figuras animales .

En general, cuanto más nos alejamos de la costa hacia el interior, más frecuente es encontrar estas formas zoomorfas, que parecen conservar un carácter más arcaico y simbólico.

Una tradición viva entre juego y memoria

Las monas en forma de hardacho resumen perfectamente el espíritu de la Pascua mediterránea: comida, naturaleza y comunidad. Se elaboran en casa o se compran en la panadería, se llevan al campo y se comparten en grupo, en un contexto festivo donde incluso existen juegos asociados, como romper el huevo en la cabeza de alguien distraído .

En Chulilla era muy frecuente tanto ir a las cuevas como al río Sote para pasar estos momentos en familia. En este siglo XXI con el avance del turismo este tipo de tradiciones solo las cuenta la gente más mayor. Eso si, siempre puedes bajar a la peña judía a tomarte la mona o ir a las bodegas a volar el cachirulo

Estas monas son un ejemplo de cómo la cultura popular integra lengua, territorio y gastronomía en un solo gesto. Cada hardacho modelado a mano no es solo un dulce: es una pequeña pieza de historia transmitida generación tras generación.

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